Debo manifestarles que me ha causado un profundo dolor el asesinato a mansalva realizado en contra de líderes sociales y campesinos, comprometidos en los esfuerzos del proceso de Paz y en el logro de alcanzar una verdadera  Reforma Rural Integral como  camino justo y necesario para  desarrollar el agro colombiano,  poder  además superar la pobreza y la desigualdad social que nos ha acompañado como “inri”  por largas décadas  de nuestra vida republicana.

Es realmente catastrófico el balance de las agresiones delincuenciales en contra de esta expresión de liderazgo social. Durante lo que va corrido del año 2016, las agencias que hacen el seguimiento puntual reportan  la escalofriante cifra de 71 asesinatos, con 30 atentados y más  de 280 amenazas.  Esto es muy impactante para una sociedad que busca afanosamente  salidas de Paz y  convivencia en medio de las conflictividades que vivimos. Los traficantes de la guerra, la  sangre y el asesinato,  están decididos a no permitir un proceso de Paz que ponga fin a los más de 70 años de guerra fratricida que ha hundido a nuestro país en la barbarie.

La Marcha Patriótica hija de ese esfuerzo noble y gigante, la Unión Patriótica  borrada a tiros del mapa político colombiano sin ninguna contemplación humanitaria,  están recibiendo ahora toda la persecución de aquellos sectores que defienden el Statu Quo, y no quieren ni aceptan bajo  ninguna circunstancia razonable el diseño de un país nuevo y diferente, que responda a las expectativas sociales que plantean los nuevos tiempos. Quieren seguir aferrados a sus viejas concepciones y practicas terratenientes, que han sido en ultimas las causantes de la gran tragedia social desde los inmemoriales tiempos de la Guerra de los Mil días.

En las pocas semanas  del mes de noviembre,  6 dirigentes sociales y campesinos de la Marcha Patriótica han sido asesinados, 2 sufrieron atentados con armas de fuego y  un  connotado líder estudiantil se encuentra desaparecido, sin que haya ninguna respuesta  coherente ante tanta agresión y maldad. Para no olvidar el  nombre de las víctimas y como un respetuoso homenaje a su memoria, citaré sus nombres a continuación:

Argemiro Lara, atentado en Sincelejo Sucre el 17 de noviembre de 2016.  2) Erley Monroy asesinado en Caquetá el 18 de noviembre/16.  3) Rodrigo Cabrera, asesinado en Nariño el 19 de noviembre.   4) Danilo Bolaños Díaz, atentado en Nariño, noviembre 19.  5) Hugo Cuellar, atentado, herido en el departamento del Meta.  6) Didier Losada Barreto, asesinado en  departamento del Meta noviembre 18. 7) José Velásquez, asesinado en el departamento del Cauca  el 11 de noviembre.  8) John Rodríguez, asesinado en el Cauca, noviembre 1.  9) Hannier Hurtado, estudiante desaparecido en el Valle del Cauca el 31 de octubre/16.

Los autores intelectuales de estos asesinatos son conscientes de la magnitud del daño  que realizan y que pretenden profundizar. Estos crímenes los cometen  cuando aún el gobierno del Presidente Santos no ha podido refrendar los Acuerdos de Paz firmados con las Farc,  cuando los representantes del No, liderados por el senador Uribe Vélez desconocen sistemáticamente  los  grandes esfuerzos realizados por los equipos negociadores, quienes restándole tiempo al descanso normal y al sueño, muy rápidamente lograron en La Habana, Cuba,  lo que se denomina “El Acuerdo definitivo de Paz”. 

Las autoridades nacionales,  tanto civiles como militares, deben responder  eficazmente al desafío de estas fuerzas del mal, y poner  en pronta  detención  a los responsables de estos asesinatos, pues es mucho lo que tienen que decir y por lo que tienen que responder. Además, les  corresponde  ser más proactivos para prevenir e  impedir  los asesinatos,  corresponde  garantizarle  a la sociedad civil y a la comunidad internacional  la vida de los líderes sociales para que hagan su aporte a la democracia de nuestro país, y de este modo a la democracia mundial que busca a cada instante consolidarse, de allí la preocupación y atención de las organizaciones internacionales de Derechos Humanos para que  estos homicidios no se den, ni mucho menos se vuelvan a  repetir.

La sociedad colombiana todavía recuerda con mucho dolor el caso de la Unión Patriótica y no va a permitir que una nueva organización política como Marcha Patriótica se pretenda borrarla del escenario político a través de lo que se ha denunciado como “Plan pistola”.  El gobierno debe tener claro que es su deber desenmascarar y detener a los asesinos, cualquiera que sea su denominación,  exponerlos ante la  opinión pública como los enemigos de Colombia y continuar, por otro lado, con su meritoria tarea de llevar adelante la propuesta de construir la Paz y la convivencia ciudadana a todo lo largo y ancho del territorio nacional.   

Alonso Ojeda Awad

Ex. Embajador de Colombia en Europa.

Vice. Presidente del  Comité Permanente de Defensa de los DD.HH. (CPDH)


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