Llegó la Navidad y con ella la ilusión y la esperanza de: que todos los seres humanos podamos vivir en Paz, respetándonos y queriéndonos entre todos, como hermanos,   para hacer realidad el dulce sueño del Niño Jesús nacido en un pesebre y destinado a traer la justicia social, la solidaridad y el amor entre todos los pueblos del mundo, aun a costa de su propia vida. Este es el bello mensaje Crístico que hace más de dos mil años se repite en el mundo, el cual está lejos de ser esa realidad soñada y acariciada por todas las naciones que habitan este lugar llamado Tierra.

Su Santidad el Papa Francisco, en la inmensidad de su pensamiento bondadoso ha puesto los ojos y el corazón en nuestro país, ha orado y clamado por la Paz para Colombia. En forma sistemática nos menciona en sus oraciones y orienta a sus prelados a mantener activo el compromiso de su Iglesia con los diálogos y los Acuerdos de Paz. En un acto infinito de amor por Colombia, cuando recibía en audiencia privada al Presidente Santos, a su señora esposa y familia, decidió como un gesto profundamente inusual en la diplomacia vaticana, invitar al senador Álvaro Uribe, férreo oponente a la Paz de Colombia, a reunirse con él y con el Presidente Santos, con el fin de atemperar la alta agresividad que los miembros del Centro Democrático han manifestado en varias circunstancias en contra de los Acuerdos de Paz suscritos con las Farc y respaldados ampliamente por el Congreso de la Republica y la Corte Constitucional de Colombia.

Aunque de verdad, debemos decirlo, esperábamos una respuesta más positiva hacia la Paz de parte del senador Uribe y dado el valor inconmensurable de quien lo invitaba: Su Santidad El Papa, seguimos esperando que en la práctica diaria y cotidiana de su política, Uribe pueda reflexionar ante el momento histórico que vive nuestra nación, cuando en el plano concreto se está produciendo la más alta desmovilización de una organización guerrillera, con tanta historia y tanto poder, como son las Farc. Pensamos que nadie, por muy duro y recalcitrante que sea, puede hacer caso omiso a un llamado angustioso de su Santidad el Papa Francisco, para que ayude aclimatar los espíritus guerreristas y se convierta en un verdadero apóstol de la Paz. Uribe tiene aquí la última oportunidad de su vida para pasar a la historia como un dirigente que favoreció la Paz, o por el contrario quedará en las páginas de la tradición colombiana como un ser extraño y maquiavélico que aprovecho todo su poder e influencia para no dejar transitar serenamente la Paz en busca del destino final, como regalo a la patria.

El Presidente Santos ya ganó su sitio en la historia compleja y dramática de nuestra nación. Por encima de cualquier antecedente, debo reconocer su obsesiva y persistente personalidad por llevar la Paz hasta puerto seguro. De no haber sido así, es muy difícil pensar en que los colombianos hubiésemos tenido esta Navidad en Paz, regalo alineado con los deseos del Creador. Fueron tantos los obstáculos que los enemigos de la Paz y los escépticos le crearon al largo viacrucis del Acuerdo de Paz, que si no hubiésemos tenido un Presidente con la solvencia moral, política y familiar de Santos, difícilmente estaríamos celebrando esta Navidad como tiempo de Paz. También debo reconocer el alto valor y compromiso con la nación colombiana de parte de la dirigencia de las FARC. Fueron profundamente conscientes de su responsabilidad histórica al comprender, como lo comprendimos los integrantes de “El Replanteamiento del ELN” en el año de 1976, que ya no había espacio para que la lucha armada y violenta nos llevara al poder. Había que tener la valentía para reconocer que esa vía estaba cerrada para Colombia y que sin apegos, había que dejar toda la parafernalia de la guerra que solo favorece a los constructores y traficantes de armas y medios de destrucción masiva.

Es hermoso en esta navidad, entender, ver y sentir que los dos ejércitos antes enfrentados a muerte, hoy gracias a los acuerdos de paz, son dos organizaciones conformadas por hombres de buena voluntad, cuyo único deseo y desafío de ahora en adelante es: ayudar a lograr la madurez de nuestra sociedad, manifestada través de múltiples e inéditas formas organizativas que hagan posible una sociedad democrática, fraternal, incluyente, justa, solidaria, en franco desarrollo y buscando consolidar una Paz estable y duradera.

1º NOTA: Para todas mis amigas y amigos lectores les deseo una Feliz Navidad en Paz y un Próspero Año Nuevo. Volveremos en Enero de 2017. Saludos fraternales a sus entrañables familias.

2º NOTA: Quiero expresar mi profundo dolor por la muerte del querido amigo y compañero Jaime Niño Diez, sociólogo de la Universidad Nacional de Colombia y Ex. Ministro de Educación. Largas y complejas luchas libramos en los albores del surgimiento de “El Frente Unido del pueblo” convocado por nuestro capellán universitario Camilo Torres Restrepo. Para su esposa Lucia Tarazona y sus hijos, nuestro abrazo de solidaridad y condolencia.

Alonso Ojeda Awad

Ex. Embajador de Colombia en Europa.

Vice. Presidente del Comité Permanente de los DD.HH. (CPDH)


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