Guardo una profunda admiración y cariño por las lideresas y los líderes sociales, así como por los  defensores de los Derechos Humanos. Los he visto trabajar con mística y fe en su causa,  con verdadera pasión  espiritual. Hacen su trabajo, como hormigas, en las más duras y difíciles situaciones. No importa si hay invierno cruel o veranos caniculares. Se riegan a lo ancho y largo del país para llevar la creencia de que es posible construir otro mundo, más humano y solidario del que nos tocó vivir. Enseñan la democracia como la vivencia política que nos puede sacar del pantanero social en el que hemos caído…en fin, son los portadores de un nuevo orden, donde los Derechos Humanos se convierten en los verdaderos estandartes de los nuevos y esperanzadores tiempos.

Por estas razones, no puedo entender por qué “la Mano Negra” esa organización tenebrosa que se mueve con patente de corso por todo el país y que asesina a diestra y siniestra, ha decidido ponerlos en la mira central de su pavorosa orgía de sangre. Van cayendo líderes en diferentes sitios de la geografía nacional sin que nuestras autoridades puedan detenerlos, ponerlos a buen recaudo y hacer caer sobre los asesinos todo el peso de la ley, ojala con decisión ejemplarizante.   

Ante la arremetida de los grupos criminales contra los líderes sociales, el Ministro del Interior Guillermo Rivera expresó la decisión del gobierno de perseguir y judicializar a los responsables de amenazar, intimidar y asesinar a los referidos líderes y defensores, aseguró que esta persecución criminal contra ellos es causada por el trabajo que hacen como defensores de DD.HH y promotores del proceso de Paz. Pero la masacre continúa con ribetes de genocidio que preocupan ante las evidencias de estar al frente de un nuevo exterminio como el que sufrió la Unión Patriótica.  

Consultados los expertos en el tema, que hacen un seguimiento cotidiano y puntual de esta grave violación a la vida y a los DD.HH, estas son las cifras más aproximadas  de lo que está ocurriendo hoy en el país:  

¿Quiénes son los líderes asesinados?  La respuesta porcentual es la siguiente: 88% son hombres y el 12% son mujeres.

¿A que sectores sociales pertenecen? Las estadísticas se comportan así: 51% integrantes de Asociaciones rurales campesinas; 18% indígenas; 10% reclamantes de tierras; y 8% afrocolombianos. El tema de la lucha por tierra está íntimamente unido a los homicidios. Es claro que el interés por adquirir o defender su tierra, es causa central de muerte o asesinato.

¿Cuáles son las organizaciones más afectadas? El resultado es el siguiente: 76% organizaciones municipales; 16% Asociaciones departamentales y 7% organizaciones nacionales.

¿En qué departamentos se registra mayor número de asesinatos? Las cifras se reportan así: Antioquia se lleva el primer puesto, le siguen los departamentos de Cauca, Valle, Córdoba y Nariño.  Los municipios donde más casos se reportan, aparecen: Apartadó (Antioquia), Caloto (Cauca), Tierra Alta (Córdoba), Buenaventura (Valle del Cauca) y Tumaco (Nariño). Datos tomados de Bitácora. Observatorio del Ministerio del Interior. 28/13 de julio de 2017.

Por otro lado, los estudiosos del tema logran demostrar que es un fenómeno reiterativo, presente en todos los años anteriores y demuestran que el año con más asesinatos fue 2013, le siguen 2014, 2016 y 2011.

Según la Fundación “Paz y Reconciliación” en su informe semestral ¿Cómo va la Paz? Presentado recientemente, en  rueda de prensa, expresó que cada 4 días se comete un asesinato contra un líder social en Colombia y cada dos días hay un nuevo amenazado. Cierra su informe diciendo que en lo que va corrido del año 2017 suman 54 asesinatos.

Esta tétrica cifra se incrementó en la última quincena con los asesinatos de dos líderes sociales: uno,  Ezequiel Rangel, en el corregimiento de Guamalito, municipio de El Carmen en Norte de Santander, perteneciente a la Asociación Campesina del Catatumbo –Ascamcat – del Movimiento político y social Marcha Patriótica; y el otro asesinato, fue el del líder afrodescendiente Héctor William Mina, ocurrido en el norte del departamento del Cauca y perteneciente también, a la Marcha Patriótica.

Como sociedad civil no podemos permitir esta sucesión, macabra y escalofriante, de asesinatos de los líderes sociales, muchos de los cuales se presentan como crónicas de asesinatos anunciados. Es necesario ponerlo en evidencia cada vez más, expresarlo por distintos medios y en todos los espacios posibles, con el fin de hacer conciencia de la alta perdida en términos de costos sociales y dolorosos para la sociedad colombiana. Corresponde al Alto Gobierno, a las autoridades militares, a la justicia y a la Fiscalía General de Nación dar el golpe de ley contra esos grupos de asesinos que están rompiendo el  corazón bueno de los líderes sociales, antes de que sea demasiado tarde.

Alonso Ojeda Awad

Ex. Embajador de Colombia en Europa.

Vice. Presidente del Comité Permanente de Defensa de los Derechos Humanos. (CPDH).


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