Ratificó en sus libros de estudios científicos su mirada crítica sobre el injusto sistema político.

El caudaloso y vasto ejercicio intelectual e investigativo producido a lo largo de su existencia por el escritor y sociólogo Alfredo Molano nos ha permitido a los colombianos, y especialmente a la comunidad internacional, más que en cualquiera otra escuela, penetrar en el conocimiento geográfico y humano de la “Colombia profunda”, escenario de nuestro más prolongado conflicto armado, social y político y de una peligrosa degradación ambiental en marcha.

Así fue el sentido homenaje de Comisión de la Verdad a Alfredo Molano

Molano Bravo nos describió no solo una geografía, sino que nos rescató una historia narrada desde el testimonio de sus sentidos y de fuentes primarias indiscutibles. En ellas apropió las dos concepciones prescritas de historia, es decir, una historia inteligente que descubre las tensiones profundas, los conflictos específicos del pasado, y una historia aparentemente superficial que busca reconstruir el anecdotario social y la picaresca de sus tradiciones lingüísticas, para enriquecer con detalles el fondo conceptual.

En la exploración de esas culturas –entendidas estas como el conjunto de hábitos sociales–, se observan el trajín paciente y luego las precipitadas huidas de sus etnias y comunidades indígenas, afrodescendientes, campesinas y menores de edad por inhóspitas ensenadas, mesetas y roquedales, en este agónico “bosque parlante”, ya previamente impactadas por los procesos de mestizaje y aculturación del descubrimiento, la conquista y el paramilitarismo más reciente, que ahora recibe las descargas militares de actores armados –legales e ilegales– sin corazón.

Más que en ningún otro espacio, antes de la expansión territorial de la violencia política, esos espacios productivos ya constituían el “teatro del conflicto armado”, sin duda, base de su evolución civilizatoria social y política, cuyas dinámicas características han sido registradas por Molano en magistrales y persuasivas aproximaciones narrativas.

Molano ratificó en sus 27 libros de estudios científicos y numerosos trabajos periodísticos su mirada crítica sobre el injusto sistema político que pesa con altos indicadores de pobreza, marginalidad y violencia. Y nos advirtió sobre el peligro de continuar con los ojos cerrados ante las matanzas, torturas, degradaciones e intolerancias que sufre el conjunto de minorías inocentes y confiadas en nuestro medio y nos coloca frente a la posibilidad de ser víctimas de un futuro prehistórico no solo surgido de la confrontación militar, sino originado en la tecnología aliada de la guerra, generadora de accidentes hídricos y desastres “naturales”.

En sus infatigables incursiones por los territorios olvidados de la presencia estatal, Molano –estimulado únicamente por el combustible de su esperanza en la convivencia democrática– adquirió un conocimiento profundo de las características del conflicto armado. La confrontación política y social se convirtió para él en honda preocupación intelectual que hubiese considerado indigno no acometer como investigador y demócrata.

Ello le permitió llegar a ser, sin duda, el colombiano que mayor conocimiento adquirió sobre los intríngulis de nuestra tragedia violenta, la cual identificaba en sus exactas dimensiones no tanto por las estadísticas (ver: Colombia: el país suramericano con más porcentaje del PIB en gasto militar), sino por el método de agresión, por el sitio donde se producían los combates y hasta por las armas utilizadas, por las rutas del desplazamiento de las víctimas o, paradójicamente, por las versiones de los contradictores.

En mi calidad de director del Instituto del Pensamiento Liberal tuve el grato privilegio de invitar a Molano a disertar en el ciclo de conferencias sobre ‘Formación en cultura política democrática’, en una presentación sumamente aplaudida sobre ‘las guerrillas liberales’; luego, en mi condición de coordinador de Colombianos y Colombianas por la Paz, Alfredo Molano participó en la construcción de la primera fase de esta iniciativa en el ‘Intercambio epistolar’ entre un grupo selecto de cien académicos y la insurgencia de las Farc-ep, una iniciativa ciudadana impulsada por la senadora Piedad Córdoba (ver: Intercambio epistolar Colombianos-as y las FARC), que tuvo una importante repercusión entre los años 2008 y 2012, acción materializada con intercesión humanitaria de la Cruz Roja Internacional y que puede ser llamada el abrebocas del proceso de negociación del gobierno de Juan Manuel Santos con la insurgencia armada de las Farc-ep.

Toda esa cantidad diversa y sólida de contribuciones a la paz y a la reafirmación de la democracia en Colombia le fue reconocida y agradecida por la multitudinaria despedida que le ofrendaron numerosos colombianos conmovidos hasta las lágrimas en sus exequias. Frente a su féretro desfilaron el notablato de la paz, el mundo intelectual y académico universitario, las etnias, las organizaciones sociales y las bases estudiantiles. Un aplauso a tu memoria y a tu excelente tarea propaz, querido Alfredo.

Alpher Rojas C.

Junta Directiva Nacional - CPDH


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