Tengo muy claro la primera vez que escuche  su nombre para no olvidarlo nunca más. Ese 1 de enero de 1959 mi padre me llamó desde su alcoba, donde sentado al frente de su  viejo radio Philips de tubos, escuchaba las noticias internacionales que informaban que fuerzas rebeldes al mando del abogado Fidel Castro Ruz, habían tomado el poder en La Habana, depuesto al dictador Fulgencio Batista, en esas horas de la mañana del  primer día  del año, controlaban totalmente la situación política y militar en la isla  de Cuba.  Mi padre aprovechó para decirme:  El nuevo dirigente político logró  hacer realidad el sueño que le fue esquivo al general Rafael Uribe Uribe, cuando con las fuerzas insurrectas del partido liberal lo había intentado infructuosamente, al comienzo del siglo XX.  Los liberales guardaban en el inconsciente colectivo esa derrota, por eso manifestaban una alegría recóndita con el barbudo guerrillero que al frente de su movimiento “26 de julio” había  vencido al ejercito batistiano, al descender desde   la Sierra Maestra y en una ofensiva rápida convocó al pueblo cubano a la insurrección general, para tomar militar  y políticamente el palacio  presidencial en La Habana.

La figura del jefe combatiente rodeado de jóvenes rebeldes, barbudos, recorriendo las calles de su ciudad, acompañados de una multitud alegre que no cesaba de vitorearlos, se fue  quedando gravada en mi cerebro,  además se fue acrecentando a medida que el profundo contenido social de su propuesta política fue comprometiendo nuestros jóvenes corazones. Pudiera decir sin riesgo a equivocarme que, Fidel contactó con nuestras mentes,  nos volvimos adherentes de ese sueño libertario de dignidad y soberanía que comenzó a irradiarse a lo largo y ancho de la cordillera de los Andes. 

Lo vimos proceder de inmediato al aprobar y poner en práctica una verdadera Reforma Agraria, que sin ambages ni leguleyadas conocidas,  comenzó a entregar tierras de los grandes  terratenientes a los goajiros pobres como se conocían los campesinos sin tierra en Cuba. Inmediatamente y sin perder el impulso, comenzó su gran tarea  de alfabetizar a todos los cubanos,  lo que llevo al poco tiempo de trabajo incesante, a declarar a Cuba “Primer territorio libre del analfabetismo en América”. Consciente de la mala administración de salud o ninguna salud brindada por el estado cubano, convocó a las fuerzas juveniles acompañarlo en el esfuerzo titánico por entregar a  su pueblo una  excelente salud y medicina preventiva, mientras él, con sus compañeros de lucha el Che Guevara,  Camilo Cienfuegos, Haydee Santamaría y su hermano Raúl, avanzaban en medio de grandes dificultades en la realización de los logros sociales prometidos a su famélico pueblo.

La gran reacción continental auspiciada desde los EE. UU., comenzó la más cruenta de sus campañas mentirosas y de descredito que terminó comprometiéndose con la vergonzosa invasión de Bahía Cochinos, que no fue más que el deseo irrefrenable de los esbirros del dictador  Batista para volver por sus mansiones y palacios, cuando ya estas estaban en manos de los sectores  más empobrecidos de la población Cubana.

Su célebre consigna tomada del apóstol José Martí, “La mejor manera de decir, es hacer” lo llevó a multiplicarse por mil y a cubrir con un dinamismo verdaderamente contagiante todos los campos  de la actividad humana. Desde la plaza de la Revolución de la Habana en forma constante alternaba con su pueblo en largas convocatorias, donde le informaba con detalles el desarrollo de la política de la Revolución.

En medio del bloqueo injusto impuesto a su patria, asistió a las Naciones Unidas en Nueva York y no dudo un solo instante el levantar  la voz contra los poderosos que se repartían impunemente los bienes de la tierra y clamar por los millones de seres hambrientos regados por el mundo para quienes no existía ninguna luz de esperanza.  El imperio no se demoró  en reaccionar y lo hizo activando todos los mecanismos de agresión contra Cuba, desde el recrudecimiento del bloqueo económico, hasta la más descarada política de agresión mediática, propalando todas las mentiras más canallescas en contra de este hombre que empezaba a ser mitología y leyenda.  

Hace 55 años el ex. Presidente Alfonso  López Michelsen, con la clarividencia política que lo acompañaba, escribió el prólogo de un famoso libro del ex. Congresista del MRL,  Ramiro Andrade Terán titulado “Cuba: El vecino socialista” donde ya,  pedía por un mejoramiento de las relaciones diplomáticas entre Cuba y Los EE.UU. Solicitud solo concedida en los últimos años y  vivida con la reapertura de relaciones entre los gobiernos del Presidente Obama y Raúl Castro.

Fidel se convirtió en verdadero referente ético para todos los jóvenes del mundo, desde el mismo momento en que con sobrada autoridad, en el famoso juicio que le hicieron sus enemigos después de la fallida toma del cuartel Moncada en Santiago de Cuba exclamó: “No importa, condenadme, la historia me absolverá”, absolución que ha venido a cubrirlo con creces en el momento de su partida definitiva.

 Durante décadas para muchos jóvenes la consigna era “Ser como él”: Un luchador contra las injusticias, contra la miseria y el hambre, contra la corrupción. Su voz nunca tembló ante los poderosos de la tierra y en reconocimiento a sus esfuerzos por la dignidad del hombre, recibió en la isla a dos santidades papales y meses antes permitió que el presidente Obama los visitara para resarcir juntos tantas heridas y  desgarraduras que su lucha por la dignidad había producido. Por eso, hoy al despedirlo como miembro de esa generación que creció y luchó marcada por su  ejemplo, decimos: “Fidel  el nuevo nombre de la dignidad”.

Alonso Ojeda  Awad

Ex. Embajador de Colombia en Europa.

Vice. Presidente del Comité Permanente por la  Defensa de los DD.HH. (CPDH)

Debo manifestarles que me ha causado un profundo dolor el asesinato a mansalva realizado en contra de líderes sociales y campesinos, comprometidos en los esfuerzos del proceso de Paz y en el logro de alcanzar una verdadera  Reforma Rural Integral como  camino justo y necesario para  desarrollar el agro colombiano,  poder  además superar la pobreza y la desigualdad social que nos ha acompañado como “inri”  por largas décadas  de nuestra vida republicana.

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En medio de las complejidades que envuelven a nuestra sociedad es gratificante saber que el próximo 27 de octubre se instalara la mesa de dialogo entre el Gobierno Nacional y el  Ejército de Liberación Nacional (ELN), en la ciudad de Quito  (Ecuador). Esta esperanzadora noticia ha levantado los ánimos de los colombianos, pues ratifica la voluntad del Presidente Santos de avanzar en la construcción de la Paz después  de los reveses sufridos por los resultados de  los pasados comicios plebiscitarios.

Pareciera que el vergonzoso hecho de aparecer nuestro país como una nación esquizofrénica  capaz de votar por la  guerra y en contra de la Paz, ha sacudido muchas conciencias, que cuando votaron por él No, no dimensionaron la gravedad de esta decisión y hoy acompañados por  sentimientos de culpa, de poder ser ellos generadores de un país en llamas, han volcado sus esfuerzos a buscar caminos que conduzcan pronto a la  urgente reconciliación de la atribulada familia colombiana.

La decisión de Noruega de conceder el Premio Nobel de Paz al Presidente, se convirtió en el episodio que oxigenó el paso dado por el Presidente Santos en su infatigable esfuerzo de hacerlo una realidad más  temprano que tarde, el proceso de Paz Nacional con  el ELN, y así, iniciar los diálogos en Quito, noticia recibida como unas bocanadas de aire  fresco y   cobra significativa importancia para el presente y el futuro  de nuestra nación.

 Hay que reconocer los ingentes esfuerzos realizados por el grupo de negociadores de ambas partes. El del Gobierno Nacional recibió instrucciones del Presidente Santos de  desempantanar las conversaciones para favorecer su avance, y el del ELN, presidida por el dirigente guerrillero Pablo Beltrán, augura prometedores y significativos logros sociales, por su reconocida capacidad de negociación.

Todo parece indicar la buena disposición del ELN para estos diálogos. Primero, ordenó un cese a sus acciones militares para facilitar la movilización de las gentes en sus áreas de influencia en los días del Plebiscito, acción muy bien recibida.  En segundo lugar,  viene liberando a una serie de personas que  tenía en su poder y anunció para estos días la liberación de los últimos secuestrados, gesto  que significará  un buen reconocimiento de parte de la sociedad civil. Por el lado del gobierno se habla de la libertad de algunos combatientes detenidos que asumirían responsabilidades concretas en las reuniones de Paz.

Entre los puntos más importantes a tratar  en las enunciadas negociaciones se pueden destacar: a) La participación de la sociedad civil en la construcción de Paz. B) La democracia en la Paz. C) Las transformaciones en la Paz. D) El tema de víctimas. E) Fin del conflicto. F) Implementación de los acuerdos. Además se analizaran las dinámicas de las acciones humanitarias que buscan erradicar definitivamente el secuestro y ponerle fin al conflicto. Sacar a los niños de la guerra, desminar las zonas involucradas en el conflicto, suspender la expansión militar y lograr el cese del fuego y  de las hostilidades.

Algunos de estos puntos ya fueron analizados y discutidos en los diálogos de Paz de La Habana, Cuba y están consignados en los acuerdos finales que fueron aprobados y firmados ante la Comunidad Internacional de Naciones, el Secretario  General de la ONU y los Presidentes de los países garantes Cuba, Chile, Venezuela y el delegado del gobierno Noruego, en Cartagena de Indias.

El Senador Iván Cepeda Castro que  tanto ha ayudado en el inicio de estos diálogos con el ELN escribió una lúcida columna en el diario “El Tiempo”, titulada “La Paz es la que va ganando”, donde se expresa en esta forma: “Este nuevo proceso se presenta en el contexto de los resultados que se han construido con las FARC, que son un significativo acumulado de acuerdos y experiencias que pueden ser utilizados para enriquecer las nuevas negociaciones”.

Ojala que todos estos vientos renovadores que soplan, ayuden a construir pronto los nuevos escenarios de continuación de la lucha política, alejada por siempre de las armas y de la violencia. La sociedad colombiana volverá a escuchar y participar en los debates nacionales. Es  el momento para que el ELN rescate y brinde homenaje a la perspectiva política del capellán, profesor universitario, Sociólogo, creador del Frente Unido, el político que convocó a los sectores populares a unirse en la acción social, sacerdote Camilo Torres Restrepo, quien de manera dolorosa y desacertada murió en sus filas. Es el momento de hacerle justicia   50 años después,  es  tiempo de beber en sus escritos sociológicos y políticos para que nos ayuden a encontrar los caminos de la equidad, la inclusión, el desarrollo social y crecimiento humano.

Alonso Ojeda Awad

Ex. Embajador de Colombia en Europa.

Vice. Presidente del Comité Permanente de Defensa de los Derechos  Humanos. CPDH.

 

La semana más dura en el ánimo de los colombianos fue la que siguió a la pérdida del SI. La esperanza de una nación sin guerras ni violencia política para nuestros hijos y nietos parecía venirse abajo en medio del dolor que manifestaban entre llantos, los centenares de mujeres y hombres que creían en los Acuerdos de Paz recién firmados en medio de la solemnidad y la alegría desbordada en la emblemática ciudad Heroica de Cartagena,  entre el Presidente Santos y el ya ciudadano Rodrigo Londoño –Timochenko-, en representación de lo que eran las antiguas FARC-EP. Nadie parecía entender como un anhelo tan profundo y genuino por la reconciliación de la gran familia colombiana, podía desatar fuerzas que hubiesen sido capaces de derrotar el sueño anhelado de una sociedad sin emboscadas, sin centenares de muertos de las FF.AA, de la guerrilla y del sufrido pueblo, el más indefenso en medio de la desbordada  guerra.

El Presidente Santos habló a la nación y consciente de su profunda responsabilidad, sin atenuar el golpe recibido, convocó a todos los ciudadanos a seguir trabajando por el logro supremo y definitivo de la Paz. Y cerró así su dramática intervención llamando a “Perseverar, perseverar y perseverar” en estos esfuerzos. Hay que decir que nunca, hasta donde tenemos conocimiento, había brillado tan alto un Estadista como el Presidente Santos. Consciente como era, que las fuerzas políticas representativas de los terratenientes habían decidido cerrarle el paso a esa Colombia nueva, que se aprestaba a través de los Acuerdos de Paz a saldar en parte la vieja deuda con los campesinos de Colombia, al firmar lo que se llama la Reforma Rural Integral (RRI), al entregar 3.000.000 de hectáreas baldías para los pobres del campo.

Los intereses terrateniente liderados por el Senador Álvaro Uribe Vélez,   es la verdadera fuerza ganadora del No. La que con todas las triquiñuelas y delitos electorales expresados en mentiras intencionalmente dirigidas a los sectores más pobres de las ciudades, exacerbando  con falsedades  sus miedos a la   perdida de reivindicaciones sociales ya alcanzadas y consolidadas. Claridad que se evidenció  en el comportamiento electoral: En los  barrios de estratos sociales cuatro, cinco y seis  ganó el SI, en cambio en los barrios de los estratos tres, dos y uno ganó contundentemente el NO, los sectores más manipulables por el miedo, unido al rencor y la indignación como bien el presidente de su campaña  del NO orgullosamente lo expresaba. Así  con una larga cohorte de falacias, había logrado arrinconar al Presidente Santos que esperaba un respaldo  contundente del SI.

De este modo, pasó por nuestras memorias el rayo clarificador de la historia, recordándonos cuando esas mismas fuerzas terratenientes llevaron a la derrota al gobierno progresista con marcado énfasis social  de la “Revolución en Marcha” de Alfonso López Pumarejo, obligándolo a renunciar a la primera magistratura de la nación, para sumirla posteriormente  en un baño de sangre que se originó desde el asesinato del caudillo popular Jorge Eliecer Gaitán, dándose  inicio  acelerado de la  descomposición del campo, que llevaban a la separación del campesino de la tierra y por consiguiente la consolidación del latifundio. Y también recordamos la célebre encerrona contra la Reforma Agraria de Carlos Lleras Restrepo, cuando los sectores políticos terratenientes,  enemigos de ella, la enterraron  en el famoso pacto de Chicoral, lanzando a los campesinos pobres y colonos a los brazos del narcotráfico, como bien lo sustenta la economista Ana María Ibáñez, ex. Decana de la facultad de economía de la Universidad  de Los Andes.

Lo que querían y buscaban afanosamente los dirigentes del No era presionar al Presidente Santos a su renuncia, con confusas galimatías, reclamándose verdaderos líderes de la Paz. Actuaban siguiendo esa máxima volteriana "Si no puedes ganarle a tu contrario, confúndelo con engaños y mentiras” y eso era precisamente lo que hacían. En medio de este dolor y confusión,  la Comunidad Internacional presidida por el Secretario General de la ONU, Ban Ki Moon, quien no había ahorrado un solo gesto y esfuerzo de respaldo al proceso de Paz,  quien en bloque había asistido como garante a la firma de los Acuerdos, el mismo  que no salía de su asombro y buscaba elementos que le permitiera entender la esquizofrénica postura de la sociedad colombiana, mientras tanto las fuerzas insurgentes que ya buscaban su nuevo nombre para entrar a la arena política, hacían ingentes esfuerzos con los Comisionados de Paz para salvar el frágil  proceso de Paz.

Pero Dios en su infinita bondad para con este pueblo sacrificado,  en la madrugada del 7 de octubre le tenía reservado a Colombia un sitio inexpugnable para la Paz y la  reconciliación, al concederle al Presidente Juan Manuel Santos en nombre de las millones de víctimas de esta cruel guerra fratricida, el Premio Nobel de la Paz. En esta forma, el Comité del Nobel le entregaba al Presidente Santos toda su fuerza moral como signo inequívoco de apoyo en la gesta por mantener el cese al fuego y perseverar hasta las últimas consecuencias por conducir la Paz a puerto seguro y definitivo.

La respuesta en el país no se hizo esperar. Centenares de jóvenes inundaron las calles y plaza de Bolívar en una clamoroso manifestación que recordaba la Marcha del Silencio que realizó Gaitán, días antes de su asesinato, pidiéndole al presidente de turno Mariano Ospina Pérez que no permitiera la guerra y condujera nuestra nación hasta el puerto de la Paz y  Reconciliación Nacional.  Hoy el Presidente Santos y el Comandante Timochenko tienen la última palabra con la que los recordaran todas las generaciones futuras de haber conducido por fin, a la sociedad colombiana al espacio vigente de la política, las ideas y los argumentos, para nunca jamás volver a la guerra generadora de toda la violencia que hoy se esparce peligrosamente por el mundo y desgarra el corazón de  hombres y mujeres de buena voluntad.

Presidente Santos,  millones de colombianos lo acompañamos en este esfuerzo. Juntos vamos a ser capaces de derrotar la falacia y la mentira con la que engañaron a las gentes humildes de Colombia y juntos también, vamos a ser capaces de logar la urgente Reforma Rural Integral (R.R.I.) que entregará, por fin, a los millones de campesinos desterrados del campo, la tierra baldía y la tierra en extinción de dominio de los narcotraficantes, que tanta tragedia han causado a lo largo y ancho de nuestra geografía. Cuente con su pueblo Presidente! Hoy que la mentira está develada y usted es el líder mundial para salvar a Colombia de las garras de la guerra, de la mentira y la violencia.

Alonso Ojeda Awad

Ex. Embajador de Colombia en Europa.

Vice. Presidente del Comité Permanente de Defensa de los Derechos Humanos.

Los colombianos tenemos el 2 de octubre, día de la votación del Plebiscito, la gran oportunidad de votar: Sí por la  construcción de un nuevo país, del país que siempre hemos soñado, el de la inclusión social, el de la creación de múltiples oportunidades para nuestros jóvenes del campo y la  ciudad, el de la paz y de la reconciliación entre todos sus estamentos y los diversos sectores de la producción.

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Cayó como una bendición el mecanismo acordado en los acuerdos de Paz de La Habana para lograr la elección de los magistrados de la Jurisdicción Especial para la Paz. Este era uno de los puntos que se esperaban con más expectativa y haberse resuelto de esta manera, tan salomónica, trajo tranquilidad y esperanza a la familia colombiana.

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Dicen que la primera recomendación es no hacer recomendaciones, sin embargo, el país  atraviesa en estos momentos un periodo de  especial significación histórica,  las posibilidades reales de dejar la guerra atrás y para siempre es una realidad de a puño, por lo que me atrevo  a hacer algunas  recomendaciones “con el respeto de usanza”, como nos enseñó el fraternal maestro Eduardo Umaña Luna: Pedirles a todos que salgamos a votar, mayores y jóvenes, Mujeres, hombres y personas  del tercer sexo,  a respaldar con el  SI, en el próximo Plebiscito Nacional, tengo sobradas razones para ello. Veamos:

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Produce verdadero dolor de patria saber que hay un grupo de colombianos y entre esos algunos muy importantes que están apostando sus restos para buscar por todos los medios conocidos, que no se llegue a feliz puerto en los esfuerzos por la Paz y la Reconciliación que viene impulsando el Presidente Santos, y más bien, luchan desveladamente para que la guerra con las FARC, se reactive nuevamente y vuelvan las noticias de antes que hablaban de asesinatos, emboscadas, ataques, violencia total, orfandad, viudez y muerte por doquier, ignorando que ha bajado hasta la increíble suma de cero homicidios.

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En momentos en que el país avanza en la definición de los consensos sobre los cambios necesarios para permitir un proceso de paz justo y sostenible, es una necesidad urgente reformar las normas que rigen la actuación de la Fuerza Pública mediante un proceso de deliberación democrática que involucre a todos los sectores de la nación.

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Foto-Juan-David-Tena

El 23 de junio de 2016 será recordado por las generaciones futuras como el día histórico que nació la Paz para nuestra martirizada sociedad, después de haber vivido y padecido décadas enteras de violencia y guerras políticas, donde la muerte enseñoreo sus reales a lo largo y ancho de nuestra geografía. Los hechos vividos hicieron recordar, nuevamente, las fechas luctuosas de cuando el partido liberal perdió la Guerra de los Mil Días y obligado por la derrota firmó los dos tratados históricos poniendo fin a esta conflagración fratricida.

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Vamos por la paz