Si hay algo que intriga a los extranjeros, es precisamente, esa tendencia de amplios sectores colombianos por manifestar su malestar o su rechazo a los esfuerzos de Paz que desde hace un buen tiempo viene realizando el Gobierno Nacional, primero con las Farc-EP y  últimamente con el ELN. No podemos decir que son los grupos de campesinos o trabajadores agrarios, los que  han visto desfilar con tanta saña los momentos más duros de la violencia política, los que se inclinen fácilmente por estar  a favor de la guerra. No, no es así. Más bien son los grupos de ciudadanos de  buenos y moderados ingresos que han visto la guerra política colombiana desde el confort de los noticieros de televisión,  donde con un simple clic, la pantalla los lleva de los hechos sangrientos de los noticieros a los confortables lugares de las telenovelas gravadas en la placidez de los mares del caribe o a los partidos en las canchas de fútbol donde el Real Madrid, el Barsa o el Juventus definen honores. Esta situación se torna más delicada cuando son familias y personas que han vivido parte importante de sus vidas en el  exterior  y piensa, con muy  pocos elementos de análisis en su cabeza, que esta situación de enfrentamiento armado y sistemático puede fácilmente superarse y ganarse con una profundización severa de las acciones guerreras.

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Guardo un profundo respeto y admiración por el reverendo padre Francisco de Roux, emblemático sacerdote de la Comunidad Jesuita, desde hace muchos  años. Lo he visto, enseñando con  su  ejemplo la razón profunda de los evangelios cristianos materializados en el amor al prójimo, en el acompañamiento constante frente al drama de la existencia de comunidades campesinas, empobrecidas por la acción nefasta de un modelo de desarrollo económico y social, para el que  poco cuentan estas familias desplazadas por el horror de una guerra fratricida.

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El día anterior al contestar mí celular me costó un poco reconocer la voz, luego supe que era él al decirme: compañero salí anoche, pasado mañana salgo para mi tierra. Al día siguiente me había comprometido a llegar desde las 9 a.m. Pero compromisos laborales lo imposibilitaron. Eran las 10 de la mañana. Luego de escribirle un mensaje, me dijo que en 15 minutos llegaba, que estaba cerca. Así fue. Un abrazo y un: Hola compañero, bienvenido, se mezcló con los recuerdos de hace unos pocos meses cuando por primera vez lo conocí en la cárcel Bellavista al acompañar una de las visitas que periódicamente realiza La Fundación Comité de Solidaridad con los Presos Políticos.

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Las generaciones futuras pronunciaran con respeto y veneración su nombre. Serán conscientes  que la lucha librada allí, a comienzos del siglo XXI, por una población fundamentalmente campesina, sin recursos económicos, solo con la profunda convicción de que jamás el oro podría alimentar a sus descendientes, fue capaz de derrotar a las agresivas transnacionales mineras, de la muerte y el engaño, y enviar un mensaje vital al mundo: “No lo olvidéis nunca. Somos agua y no existirá el oro, ni el moro que pueda comprar nuestras conciencias”.

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Se llevó a cabo en Bogotá “El Seminario Nacional por la Unidad – Hacia una convergencia social y política por un nuevo país-“ los días  viernes 17  y sábado 18 de marzo, en el auditorio consultorio jurídico de la Universidad Autónoma, convocado por los sectores sociales más activos de nuestras comunidades y por los movimientos de izquierda que le están apostando a una salida verdaderamente democrática a las graves y profundas contradicciones que presenta en los actuales momentos la sociedad  colombiana.  

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Fue la mente prodigiosa del escritor estadounidense y premio Nobel de literatura, Ernest Hemingway, quien popularizó esta célebre frase al publicar su libro “Adiós a las armas” en el año de 1929, que se convirtió muy rápidamente en un “bestseller”, al escribir sobre la Primera Guerra Mundial que tanto dolor y muerte trajo para Europa y sobre todo, al referirse al  desastre de Caporetto, batalla que se llevó a cabo a finales del año 1917, donde  las tropas italianas fueron sorprendidas por el ataque combinado de los ejércitos Prusianos y Austro-Húngaros, y sufrieron alrededor de 50.000  muertos y más de 30.000 heridos.

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La verdad es que nunca pensé que la Paz pudiera tener enemigos. Por circunstancias  de la vida me tocó ver los múltiples rostros de la violencia.  Soñaba que cuando llegaran los nuevos vientos portadores de la reconciliación nacional, serían millones y millones de almas recibiendo alborozadas y contentas las noticias de la Paz, todos los colombianos presurosos por articular sus mejores esfuerzos en la realización de este sueño, pero no fue así. Las fuerzas del odio, de la guerra y de la violencia reaccionaron en forma virulenta y agresiva ante los primeros anuncios  de acuerdos entre los delegados del  Presidente Santos y los representantes de las Farc-Ep., reunidos en La Habana, Cuba.

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Lo que hace muy poco tiempo parecía imposible, comenzó a tornarse en una realidad palpable y objetiva. Los grandes destacamentos militares de las FARC-EP, agrupados en frentes guerrilleros, dan cumplimiento  a lo pactado en los Acuerdos de Paz de La Habana e iniciaron su desplazamiento desde las profundidades de la selva, que los había acogido por más de 50 años, hacia las llamada zonas veredales de normalización y transición (ZVNT), muy cerca de los poblados campesinos, donde deberá iniciarse, en poco tiempo, la dejación de las armas en manos de la ONU y la constitución del nuevo y esperanzador Partido político con el cual continuarán luchando para lograr una  sociedad más justa, incluyente y solidaria. 

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Comenzamos a subir los colombianos la dura cuesta  del 2017 que no va a ser nada fácil por los innumerables tropiezos, que desde ya, vislumbramos en este año pre-electoral. Luego de la terminación entre vientos y marea del año pasado, que estuvo agravado de múltiples conflictos, como lo fue la pérdida del Plebiscito, logramos cerrar el año con la Paz,  garantizada por las votaciones de respaldo en el Congreso de la república, la firme decisión  de las Farc de llevar adelante los compromisos y la decidida vocación del Presidente Santos por dejar un país en Paz, cuando se acerca la terminación de su segundo y definitivo mandato. 

Sin embargo,  tenemos al frente toda la larga y complicada tarea de la implementación de los Acuerdos, que es una de las etapas más  importantes y riesgosas  del proceso de Paz, ya que  es la materialización de la dejación de las armas por parte de las Farc a las Naciones Unidas, la concentración de sus tropas en las áreas veredales convenidas, el desarme definitivo y el nacimiento del proyecto democrático del nuevo Partido Político constituido por sus combatientes y  los  sectores sociales que decidan acompañarlos.   De estos significativos pasos que  se están cumpliendo adecuadamente,  sin desconocer algunas  dificultades logísticas, pende el último aliento para coronar con éxitos la llegada  del país a la Paz consolidada.

Sin duda, el ser este un año pre-electoral, dado que el próximo año hay elecciones presidenciales, va a incidir sobre la rigurosa agenda anteriormente descrita. Los movimientos o partidos políticos como el Centro democrático que ha hecho de su postura guerrerista y enemiga de la Paz su principal bandera, no dudará un solo instante en redoblar los ataques sistemáticos a los Acuerdos de Paz y  en enfilar sus agresivas baterías en contra del Presidente Santos y  la dirigencia de las Farc, como el camino más fácil  para aumentar su caudal electoral.   Ya es muy conocida  a nivel mundial esta táctica maniquea donde: con mentiras, falsedades y campañas de miedo  es posible  debilitar un  legítimo proceso  y ganar  unas elecciones.   

La Reforma tributaria ha sido  de recibo negativo para la imagen política del Gobierno Nacional. Sin duda, a las sociedades en general no les gusta que les metan la mano al bolsillo para sacarles sus  denarios escasos o suficientes,  lo que siempre se une a la molestia de la inflación. Coyuntura que están aprovechando los  enemigos de la paz para montar engañosas campañas y convocar a manifestaciones en  contra de los Acuerdos de Paz.  Es claro,  que  las reformas tributarias carecen   de amplia aceptación democrática,  sin embargo, esta no puede convertirse en un arma para acabar las reales y genuinas aspiraciones de Paz de la sociedad colombiana.

La llegada de un nuevo gobierno a los EE.UU con marcadas tendencias xenófobas, racistas e imperialistas,  ha creado un ambiente de preocupación,  a nivel nacional e internacional,  ya se conocen las intenciones non sancta del presidente Trump en varios ámbitos, como el construir un muro de separación con Méjico, pagado por los mismos  mejicanos, verdadero exabrupto.   A esta preocupación se agrega la renuncia del delegado del Presidente Obama a los Diálogos de Paz en La Habana, Mr. Bernie Aronson, quien tan positivo comportamiento tuvo durante todo el ciclo de conversaciones. Hasta el momento de escribir estas notas, no se conoce aún el nombre del nuevo delegado del Presidente Trump.

Las buenas esperanzas que se abren con los futuros diálogos de Paz con el ELN son espacios gratificantes en la empinada cuesta del 2017. Después de muchos ires y venires todo  indica que el próximo 7 de febrero se inician las conversaciones formales. El Presidente Santos ha nombrado como jefe de la delegación gubernamental al excelente profesional y cuidadoso  conocedor de la problemática agraria, ex. Ministro de Estado Juan Camilo Restrepo. No serán unas conversaciones fáciles, pero todo el clamor ciudadano esta puesto al servicio en la construcción de Paz con esta organización insurgente de más de 50 años de presencia  armada en la convulsiva vida nacional.

Además de todas estas preocupaciones, están los acuerdos suscritos entre el gobierno y las organizaciones sociales: campesinas, trabajadores, maestros, indígenas, afros, medio ambientales que  recogen sus inaplazables necesidades  y la forma de superarlas. Además,   son múltiples las quejas que se presentan a nivel nacional  de otros  sectores populares que también  deben ser atendidas y resueltas en forma oportuna y solidaria. Es apenas lógico que terminada la lucha armada emerjan un sin número de conflictos que permanecían opacados por esta forma de lucha, y que  ahora bucarán y reclamaran el riel democrático por donde cursar,  tal como se hace en una democracia madura, donde los conflictos se tramitan a través de formas constitucionales,  otro gran reto del Gobierno, para lograr que en este 2017 discurra y ratifique que los métodos de lucha armada y violenta ya están siendo archivados para Colombia y para  la humanidad.

 NOTA. En los días de descanso de Navidad y Año Nuevo me dedique a leer el libro fascinante “Historia del Siglo XX” del historiador Eric Hobsbauwm, el cual quiero recomendarles. De este libro he extraído este pensamiento, muy necesario para los procelosos tiempos que vivimos: “…Es necesario conservar la  esperanza incluso en las situaciones más  desesperadas”.  Leo Valiani, historiador italiano.

 

Alonso Ojeda Awad

Ex. Embajador de Colombia en Europa.

Vice. Presidente del Comité Permanente por la Defensa de los DD.HH. - CPDH.

Vamos por la paz