Después de la publicación del acuerdo sobre víctimas, en diciembre pasado, y la aceptación del Consejo De Seguridad De Naciones Unidas para verificar y monitorear la tregua bilateral en una comisión tripartita con el apoyo de la Comunidad de Estados Latinoamericanos y Caribeños -CELAC, los colombianos y las colombianas veíamos con mucha esperanza y optimismo la firma del acuerdo final, y así quedó demostrado en el marco del foro organizado por el Centro de Pensamiento de la Universidad Nacional y la Oficina del Alto Comisionado, cuando cientos de personas provenientes de organizaciones sociales, políticas, étnicas, juveniles, de mujeres, diversidad étnica, artistas, LGTBI, y en general las fuerzas vivas del país, en un ambiente de reconciliación, aportaban sus ideas para el “fin del conflicto” y los mecanismos de “verificación, implementación y refrendación”.


Es triste escuchar al presidente Juan Manuel Santos hablar de “líneas rojas”, “ultimátum” y “prohibiciones”, cuando hace muy pocos días en Washington decía al mundo y a su homólogo, Barack Obama, sobre la necesidad de la reconciliación nacional, el fin del conflicto y la importancia de la participación política de las FARC–EP para la democracia en el pos acuerdo.


En la alocución presidencial, Santos, cargado de arrogancia y autoritarismo -al mejor estilo de Álvaro Uribe-, señaló que la firma del acuerdo final debía estar lista para el 23 de marzo del presente año, so pena de declarar unilateralmente la terminación de la mesa de conversación, afirmando que “las FARC-EP no estaban preparadas para la paz”, situación que desde ya debe prender las alarmas del pueblo colombiano, pues, en menos de 31 días, en sana lógica, no estará lista la firma de todos los acuerdos y salvedades, por tanto, lo que anunció el presidente públicamente es que nuestro país entrará en una nueva fase de conflicto político, social y armado que generará mucho dolor y sangre al pueblo colombiano.


Ordena suspender los procesos de pedagogía de paz que viene haciendo la FARC-EP en los territorios y el retorno de su delegación a La Habana-Cuba. Esta actitud presidencial muestra señales de la absurda demencia política y distancia con los anhelos de paz del pueblo colombiano; pues debe ser la insurgencia la que se dirija a toda su militancia para expresarles directamente los alcances que tendrán los acuerdos y su roll como organización política legal sin la utilización de armas; sería poco provechoso que Humberto de la Calle llegue a los campamento guerrilleros a hablar sobre los acuerdos o que las delegación de paz de las FARC–EP llegue a los batallones a socializar los mismos; el retorno de los delegados de la guerrilla a La Habana, la suspensión de la socialización de los acuerdos y la pedagogía de paz es un error y una dilación del proceso de diálogos y su feliz término, señor Santos “la paz no se construye con prohibiciones, sino con reconciliación, respeto por la diversidad y tolerancia”.


Lo más incompresible fue su referencia a las “líneas rojas”: ¿qué es eso? ¿Se debe entender que son limites peligrosos por los cuales no se debe surcar? Sea el momento para señalar que del otro lado de esa línea roja se encuentra la paz con justicia social, pues dentro de la delimitación colorada solo encontramos corrupción, miseria, muerte, represión, desigualdad, valores antidemocráticos, guerra y una Colombia fallida.


Señor presidente Santos, no juegue con la esperanza de un pueblo que sueña con una Colombia en paz, con democracia real y buen vivir; recuerde que los colombianos lo reeligieron con el mandato preciso de mantener la mesa de conversación con la insurgencia de las FARC-EP hasta la firmar los acuerdos del fin del conflicto, mas no le dio poderes omnímodos para que usted se sienta redentor de paz, dictador o el ángel de la guerra.


Lo sucedido en Conejo, municipio de Fonseca, fue, según asistentes al acto de socialización de los acuerdos y pedagogía de paz, una fiesta popular y democrática, en la cual centenares de habitantes de la región Caribe, una vez se enteraron por medios masivos de comunicación sobre la actividad, abarrotaron el casco urbano de ese corregimiento y felicitaron a las FARC-EP por su voluntad de paz, así como también pidieron no levantarse de la mesa y por su conducto ayudar a solucionar los problemas sociales, económicos y estructurales que padecen los habitantes del departamento de La Guajira y la región. Como se puede ver en algunas fotos y videos que circulan en redes, las caras de los pobladores y participantes es de alegría, esperanza y aceptación de la insurgencia, y no de terror, como señalan los medios de comunicación.


¿Será que el gobierno y el guerrerismo de nuestro país se asustaron al ver el clamor de ese pueblo marginado y excluido que está aglutinando masas dispuestas a conseguir la paz? No le tenga miedo a la Paz, Presidente, asuma el reto popular!


Nuestro país merece la paz y la reconciliación, por eso señor presidente Santos, no es usted quien tiene la fórmula o la llave, somos todas y todos los colombianos quienes construiremos democráticamente un nuevo país sin conflictos.                                         

Bogotá DC, 22 de Febrero de 2016.

GUSTAVO ENRIQUE GALLARDO MORALES, Abogado, Defensor de Derechos Humanos, Presidente de la Fundación Lazos de Dignidad, miembro de la Junta Patriótica Nacional del Movimiento Político y Social Marcha Patriótica.
@Ggllardo12

                       


Vamos por la paz